¿POR QUÉ NOS ENSEÑARON A COLOREAR DENTRO DEL CÍRCULO?

En mis clases de Transformación y Cambio en ESIC descubrimos algo inquietante: casi todos dibujamos la misma casa, el mismo triángulo... pero extraterrestres completamente distintos. Casualidad no parece. Quizá llevamos demasiados años coloreando dentro del círculo y demasiado pocos permitiéndonos imaginar árboles con troncos lilas y soles azules. Una reflexión con un punto de humor sobre creatividad, innovación y esas cositas que fuimos perdiendo mientras intentábamos hacerlo todo "correctamente".

PERSONAS Y RELACIONES

6/3/20267 min read

Después de muchos años viviendo procesos de transformación en el mundo empresarial y compartiendo esos aprendizajes en la asignatura de Transformación y Cambio de ESIC Business & Marketing School, hay una cosita que cada curso vuelvo a confirmar.

Nadie nace pensando que un árbol solo puede tener el tronco marrón y las hojas verdes.

Lo aprendemos.

Y quizá ahí empieza una de las mayores amenazas para la innovación, la creatividad y el cambio.

Cuando somos pequeños, dibujamos sin miedo.

Un árbol puede tener el tronco lila.

Las hojas pueden ser azules.

Una casa puede estar flotando sobre una nube.

Un perro puede tener seis patas.

Y un sol puede aparecer en cualquier rincón del papel.

No buscamos hacerlo bien.

Buscamos explorar.

Buscamos expresarnos.

Buscamos jugar.

Sin embargo, poco a poco empezamos a recibir mensajes aparentemente inocentes.

"No te salgas del círculo."

"No te salgas de la línea."

"Así no se colorea."

"Eso está mal."

Y sin darnos cuenta comenzamos a cambiar algo muy valioso.

Dejamos de explorar posibilidades para empezar a buscar respuestas correctas.

La curiosidad va dejando paso a la aprobación.

La imaginación empieza a convivir con el miedo al error.

Y la creatividad comienza a esconderse.

LA CASA, EL TRIÁNGULO Y EL EXTRATERRESTRE

Por eso realizamos en clase una dinámica aparentemente sencilla.

Pido a los alumnos que dibujen tres cosas.

Una casa.

Un triángulo.

Y un extraterrestre.

Nada más.

Sin instrucciones.

Sin ejemplos.

Sin pistas.

Cuando observamos los dibujos ocurre algo fascinante.

Las casas se parecen muchísimo.

Tejado triangular.

Puerta centrada.

Ventanas simétricas.

El triángulo casi siempre apunta hacia arriba.

Sin embargo, los extraterrestres son radicalmente distintos.

Originales.

Únicos.

Imprevisibles.

Algunos tienen tres ojos.

Otros quince brazos.

Otros parecen animales imposibles.

Y entonces aparece una pregunta que suele generar silencio.

¿Por qué todos dibujamos prácticamente la misma casa, pero somos capaces de imaginar extraterrestres completamente diferentes?

La respuesta suele ser tan sencilla como reveladora.

Porque llevamos toda la vida viendo casas.

Y porque llevamos toda la vida aprendiendo cómo "debe ser" una casa.

Sin embargo, nadie nos ha enseñado cómo debe ser un extraterrestre.

Y cuando desaparece el molde, reaparece la imaginación.

CUANDO DEJAMOS DE HACERNOS PREGUNTAS

La verdadera reflexión de esta dinámica no tiene nada que ver con el dibujo.

Tiene que ver con la vida.

Con el liderazgo.

Con la innovación.

Con la forma en que tomamos decisiones.

A medida que crecemos vamos acumulando conocimientos, experiencia y criterio.

Y eso es fantástico.

Pero también vamos acumulando certezas.

Y algunas de ellas acaban convirtiéndose en límites invisibles.

Dejamos de preguntarnos si existe otra manera de hacer las cosas.

Dejamos de cuestionar procesos.

Dejamos de explorar caminos alternativos.

Y comenzamos a actuar en piloto automático.

Quizá por eso innovar resulta tan difícil.

No porque nos falte inteligencia.

No porque nos falte formación.

Sino porque muchas veces nos sobra costumbre.

La innovación nace cuando alguien se atreve a cuestionar aquello que todo el mundo da por hecho.

Y eso exige algo muy parecido a lo que hacíamos cuando éramos niños.

Curiosidad.

Juego.

Capacidad de imaginar.

Ausencia temporal de juicio.

RECUPERAR LO QUE NUNCA PERDIMOS

Con los años he llegado a una conclusión.

La creatividad no desaparece.

Simplemente queda enterrada.

Debajo de normas.

Debajo de expectativas.

Debajo de miedos.

Debajo de frases como "eso siempre se ha hecho así".

Muchos adultos pasan años intentando recuperar algo que ya tenían cuando eran niños.

Y no suele ser un proceso rápido.

Hace falta perseverancia.

Hace falta práctica.

Hace falta aceptar que no siempre tendremos razón.

Y hace falta dejar atrás una compañera de viaje que suele hacer mucho daño: la vergüenza.

La vergüenza de parecer diferentes.

La vergüenza de equivocarnos.

La vergüenza de hacer preguntas que otros consideran absurdas.

Curiosamente, muchas de las grandes innovaciones de la historia empezaron exactamente así.

Con alguien haciendo una pregunta que parecía absurda.

QUERIDOS PROFES, DEJAD QUE EL SOL SEA AZUL DE VEZ EN CUANDO

Y ahora permitidme terminar con una reflexión medio seria y medio en broma.

Queridos profes.

Por favor.

No matéis la creatividad de los niños.

No les digáis constantemente que no se salgan del círculo.

No les obliguéis a colorear siempre dentro de las líneas.

No les hagáis creer que existe una única forma correcta de representar el mundo.

Eso sí.

Tampoco les digamos que todo vale.

Porque no es verdad.

El cielo normalmente es azul.

Los árboles suelen tener el tronco marrón.

Y las hojas suelen ser verdes.

La realidad existe y conocerla es importante.

Pero una cosa es enseñar cómo es normalmente el mundo.

Y otra muy distinta es impedir que alguien imagine cómo podría ser.

La creatividad no consiste en negar la realidad.

Consiste en jugar con ella.

Explorarla.

Reinterpretarla.

Imaginar alternativas.

Porque el problema nunca ha sido que un niño pinte un árbol con el tronco lila.

El verdadero problema es que un adulto deje de ser capaz de imaginarlo.

Y quizá, solo quizá, innovar sea precisamente eso.

Recuperar la libertad de volver a hacerlo.

CUANDO EL TRONCO DEJÓ DE PODER SER LILA

Después de muchos años viviendo procesos de transformación en el mundo empresarial y compartiendo esos aprendizajes en la asignatura de Transformación y Cambio de ESIC Business & Marketing School, hay una cosita que cada curso vuelvo a confirmar.

Nadie nace pensando que un árbol solo puede tener el tronco marrón y las hojas verdes.

Lo aprendemos.

Y quizá ahí empieza una de las mayores amenazas para la innovación, la creatividad y el cambio.

Cuando somos pequeños, dibujamos sin miedo.

Un árbol puede tener el tronco lila.

Las hojas pueden ser azules.

Una casa puede estar flotando sobre una nube.

Un perro puede tener seis patas.

Y un sol puede aparecer en cualquier rincón del papel.

No buscamos hacerlo bien.

Buscamos explorar.

Buscamos expresarnos.

Buscamos jugar.

Sin embargo, poco a poco empezamos a recibir mensajes aparentemente inocentes.

"No te salgas del círculo."

"No te salgas de la línea."

"Así no se colorea."

"Eso está mal."

Y sin darnos cuenta comenzamos a cambiar algo muy valioso.

Dejamos de explorar posibilidades para empezar a buscar respuestas correctas.

La curiosidad va dejando paso a la aprobación.

La imaginación empieza a convivir con el miedo al error.

Y la creatividad comienza a esconderse.

LA CASA, EL TRIÁNGULO Y EL EXTRATERRESTRE

Por eso realizamos en clase una dinámica aparentemente sencilla.

Pido a los alumnos que dibujen tres cosas.

Una casa.

Un triángulo.

Y un extraterrestre.

Nada más.

Sin instrucciones.

Sin ejemplos.

Sin pistas.

Cuando observamos los dibujos ocurre algo fascinante.

Las casas se parecen muchísimo.

Tejado triangular.

Puerta centrada.

Ventanas simétricas.

El triángulo casi siempre apunta hacia arriba.

Sin embargo, los extraterrestres son radicalmente distintos.

Originales.

Únicos.

Imprevisibles.

Algunos tienen tres ojos.

Otros quince brazos.

Otros parecen animales imposibles.

Y entonces aparece una pregunta que suele generar silencio.

¿Por qué todos dibujamos prácticamente la misma casa, pero somos capaces de imaginar extraterrestres completamente diferentes?

La respuesta suele ser tan sencilla como reveladora.

Porque llevamos toda la vida viendo casas.

Y porque llevamos toda la vida aprendiendo cómo "debe ser" una casa.

Sin embargo, nadie nos ha enseñado cómo debe ser un extraterrestre.

Y cuando desaparece el molde, reaparece la imaginación.

CUANDO DEJAMOS DE HACERNOS PREGUNTAS

La verdadera reflexión de esta dinámica no tiene nada que ver con el dibujo.

Tiene que ver con la vida.

Con el liderazgo.

Con la innovación.

Con la forma en que tomamos decisiones.

A medida que crecemos vamos acumulando conocimientos, experiencia y criterio.

Y eso es fantástico.

Pero también vamos acumulando certezas.

Y algunas de ellas acaban convirtiéndose en límites invisibles.

Dejamos de preguntarnos si existe otra manera de hacer las cosas.

Dejamos de cuestionar procesos.

Dejamos de explorar caminos alternativos.

Y comenzamos a actuar en piloto automático.

Quizá por eso innovar resulta tan difícil.

No porque nos falte inteligencia.

No porque nos falte formación.

Sino porque muchas veces nos sobra costumbre.

La innovación nace cuando alguien se atreve a cuestionar aquello que todo el mundo da por hecho.

Y eso exige algo muy parecido a lo que hacíamos cuando éramos niños.

Curiosidad.

Juego.

Capacidad de imaginar.

Ausencia temporal de juicio.

RECUPERAR LO QUE NUNCA PERDIMOS

Con los años he llegado a una conclusión.

La creatividad no desaparece.

Simplemente queda enterrada.

Debajo de normas.

Debajo de expectativas.

Debajo de miedos.

Debajo de frases como "eso siempre se ha hecho así".

Muchos adultos pasan años intentando recuperar algo que ya tenían cuando eran niños.

Y no suele ser un proceso rápido.

Hace falta perseverancia.

Hace falta práctica.

Hace falta aceptar que no siempre tendremos razón.

Y hace falta dejar atrás una compañera de viaje que suele hacer mucho daño: la vergüenza.

La vergüenza de parecer diferentes.

La vergüenza de equivocarnos.

La vergüenza de hacer preguntas que otros consideran absurdas.

Curiosamente, muchas de las grandes innovaciones de la historia empezaron exactamente así.

Con alguien haciendo una pregunta que parecía absurda.

QUERIDOS PROFES, DEJAD QUE EL SOL SEA AZUL DE VEZ EN CUANDO

Y ahora permitidme terminar con una reflexión medio seria y medio en broma.

Queridos profes.

Por favor.

No matéis la creatividad de los niños.

No les digáis constantemente que no se salgan del círculo.

No les obliguéis a colorear siempre dentro de las líneas.

No les hagáis creer que existe una única forma correcta de representar el mundo.

Eso sí.

Tampoco les digamos que todo vale.

Porque no es verdad.

El cielo normalmente es azul.

Los árboles suelen tener el tronco marrón.

Y las hojas suelen ser verdes.

La realidad existe y conocerla es importante.

Pero una cosa es enseñar cómo es normalmente el mundo.

Y otra muy distinta es impedir que alguien imagine cómo podría ser.

La creatividad no consiste en negar la realidad.

Consiste en jugar con ella.

Explorarla.

Reinterpretarla.

Imaginar alternativas.

Porque el problema nunca ha sido que un niño pinte un árbol con el tronco lila.

El verdadero problema es que un adulto deje de ser capaz de imaginarlo.

Y quizá, solo quizá, innovar sea precisamente eso.

Recuperar la libertad de volver a hacerlo.

graaaaaaaaaaaaande abrazote 💚

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