LA EXCUSA QUE MÁS MOMENTOS ME ROBÓ
Hay ausencias que no nacen de la falta de amor… sino de una frase que repetimos demasiado: “ahora no puedo, tengo trabajo”. Este artículo reflexiona sobre cómo el trabajo, cuando invade todo, puede alejarnos silenciosamente de las personas y momentos que más importan. Una mirada humana y profesional sobre límites, liderazgo y la vida que vamos dejando para “después”.
5/28/20263 min read
En Un viaje de amor y pérdida comparto una de las reflexiones más duras que he tenido que hacerme a mí mismo: muchas veces no es la falta de amor lo que nos aleja de las personas importantes. Es la falsa sensación de que ya habrá tiempo.
Y, siendo honestos, durante muchos años la excusa que más utilicé fue el trabajo.
No porque no quisiera estar.
No porque no amara profundamente a los míos.
No porque no valorara cada instante.
Sino porque el día a día te absorbe sin darte cuenta.
Reuniones.
Correos.
Objetivos.
Llamadas.
Urgencias.
“Solo cinco minutos más”.
“Cuando termine esto”.
“Esta semana voy fatal”.
Y así, poco a poco, empiezas a normalizar ausencias pequeñas que un día descubres que no eran tan pequeñas.
Porque la vida no suele avisar cuándo un abrazo será el último.
Ni cuándo una cena familiar dejará de repetirse.
Ni cuándo una conversación cotidiana se convertirá en un recuerdo irrepetible.
Ese es el verdadero problema.
No el trabajo.
El problema aparece cuando usamos el trabajo como justificación permanente para no estar donde realmente queremos estar.
Y esto no va de demonizar el esfuerzo.
Ni la ambición.
Ni la responsabilidad profesional.
Yo creo profundamente en el compromiso.
Pero también creo que hemos confundido demasiadas veces compromiso con desconexión emocional.
Hay personas que pasan más tiempo pensando en responder un correo que en mirar de verdad a quien tienen delante.
Y eso acaba teniendo un precio silencioso.
Un precio que no aparece en los balances.
Ni en las presentaciones.
Ni en los bonus.
Ni en LinkedIn.
Pero aparece.
Aparece en hijos que dejan de contarte cositas porque “papá o mamá siempre están ocupados”.
En parejas que aprenden a convivir con ausencias emocionales.
En padres mayores a los que llamaremos “cuando tengamos un hueco”.
En amigos a los que iremos viendo “cuando pase esta etapa”.
La trampa es que esa etapa nunca termina.
Porque siempre habrá más trabajo.
Más objetivos.
Más presión.
Más ruido.
Y cuidado.
Porque además hay culturas profesionales que premian precisamente eso.
Personas agotadas que parecen héroes.
Agendas imposibles convertidas en medallas.
Disponibilidad permanente interpretada como liderazgo.
Y no siempre es así.
Cuando una organización normaliza vivir permanentemente desconectado de tu propia vida… deja de fomentar compromiso y empieza a fabricar vacío emocional.
Lo preocupante es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta.
Porque todo parece funcionar.
Cumples.
Rindes.
Facturas.
Asistes.
Respondes.
Pero por dentro empiezas a sentir una especie de cansancio raro.
Como si estuvieras presente en todos lados… menos en tu propia vida.
Y aquí creo que el liderazgo tiene una responsabilidad enorme.
Porque un líder no solo marca objetivos.
También marca formas de vivir.
Si un responsable envía mensajes a cualquier hora constantemente…
si convierte la urgencia en cultura…
si transmite que parar es casi un pecado…
si hace sentir culpa cuando alguien prioriza su vida personal…
aunque no lo diga explícitamente, está construyendo un modelo donde desconectar de uno mismo parece obligatorio para pertenecer.
Y eso termina pasando factura.
A las personas.
A las familias.
A la salud mental.
Y también a las propias empresas.
Porque nadie da lo mejor de sí mismo cuando vive emocionalmente agotado.
El liderazgo que no pone límites… termina pagándolos en silencio.
A veces en forma de ansiedad.
A veces en forma de apatía.
A veces en forma de relaciones rotas.
Y muchas veces en forma de arrepentimientos que llegan demasiado tarde.
Con los años he entendido algo importante.
La mayoría de personas no se arrepienten de no haber trabajado más.
Se arrepienten de los momentos que dejaron escapar creyendo que ya volverían.
Y no siempre vuelven.
Por eso hoy intento recordarme constantemente algo muy sencillo:
el trabajo es importante.
Claro que sí.
Pero jamás debería convertirse en la excusa que nos robe la vida que precisamente estamos intentando construir trabajando tanto.
Porque quizá el verdadero éxito no sea llegar más lejos.
Quizá el verdadero éxito sea llegar… sin haber perdido por el camino aquello que daba sentido al viaje.
¿cuántos momentos importantes estamos sacrificando hoy… creyendo que ya los recuperaremos mañana?
SI ESTE LIBRO TE MUEVE, ES POR ALGO
💚 Todos los ingresos se destinan íntegramente a la Fundación Menudos Corazones, que ayuda a niños con cardiopatías congénitas.
📣 Es un libro solidario.
Todos los beneficios ayudan a que más pequeños corazones sigan latiendo.
CÓMPRALO 👉 https://gaspargonzalez.com/el-libro
• Por ellos, para que más pequeños corazones sigan latiendo.
• Por Gasparín: para que su legado vuele alto, hasta el infinito… y más allá.
graaaaaaaaaaaaande abrazote 💚
#GasparGonzalez
#LiderazgoHumano


2025 Gaspar González. Todos los derechos reservados.


